(Dual-Language Essay 2) The Goddess of Spirals by Noris Binet

Spirals Mother.
(c) Noris Binet 2021

The Cyclical

Rediscovering the cyclical vision of existence is to return to the origin, over and over. From there we can redirect, correct, reorient ourselves to where we need to aim our attention: where do we have to focus in order to discover what we need, and how can we recover it and integrate it? It has not really disappeared. It’s just buried and forgotten. This is a process of remembering. But how can we remember what we don’t remember? How to remember what we don’t remember we have forgotten?

Those are legitimate and important questions that require great attention. They arise from profound suffering and internal devastation, which move us to want to remember because we recognize that the life we are living, the way we live it, is an internal struggle between what I want and what I can, between tantrum and drama, and between moments of peace and dissatisfaction. We recognize this even though it may appear that we are fine and we have what we want—we have learned to present an image of security and satisfaction which is not true. We do not feel complete, whole, realized.

This is a process of descent, of excavating layers of beliefs and conditioning to find what is in the depths of the psyche, in the ancestral memory. It’s a process of getting to the place that existed before the belief that tells us we are not part of the whole. Before we learned that our nature is fragmented, that everything is separate, and that complementary aspects are exclusively opposite and are in contradiction. Before we believed that death is unnatural and a tragedy; that only life is valid and must be preserved at all costs; that old age is not beautiful—only youth. We have to descend to the place that is prior to all assimilated beliefs and values: to the place void of beliefs.

We enter into a time fissure that does not have a place. It’s not physical. It’s psychic and can only be found when there is no inside or outside. When the separation learned between internal and external disappears, and outside is inside, and vice versa. It’s not possible to show it to anyone—we can only share it with whomever has already covered this territory. Then we all go, “Aha, aha,” as all of us who have explored this dimension find the same thing. The mystery of the feminine is revealed.

Why is it a mystery? Because it is not manifested in the linear, direct, tangible, and physical way that we are used to. It has a numinosity that reveals something uncommon, unique; we feel everything is alive and that life permeates everything. It’s an internal recognition of something eminent that is all around us. There is no way to describe it with the language created by a dualistic perception of life—a perception that denies and disqualifies the opposites we consider threatening and scary: the dark, the monstrous, the negative, the bad, the ugly, the painful, the sad, the black. To wit, when we perceive night as a threat, we try to illuminate everything.

What we actually find in the deeper layers are the opposites we have rejected and denied due to the learned beliefs that they are not good nor acceptable. This is the preamble, so to speak, before crossing the threshold of nature undivided, without fragmentation: a whole and intact nature. You recognize a sense of totality, of sufficiency never before experienced. It’s as if all the pieces of the puzzle fall in place and form an image where words interconnect and extend each other. Edges are softened as if modeling a clay vessel. We recognize that form is formless and formless is form. We grasp that opposites have never been apart, as we were taught: that they are together, complementing each other, and cannot exist without the other. The eminent totality we are is revealed. There is a profound relaxation, awake in concert with all existence. There is joy with life as is, because it’s wise, intelligent, and we are one with it.

From this dimension we remember the feminine before it was devalued, incorrectly interpreted, and disqualified. Joy bursts from this primordial nature that embraces us from inside and outside. We can embrace this body as a representation invoking the great Mother Goddess, germinating internally, fructifying cyclically. This is how we rescue the great Mother Goddess of fertility in every sense. We begin to place her in the center of our lives as the guiding force of our existence.

Parte 2

Lo Cíclico

Redescubrir la visión cíclica de la existencia es retornar al origen, una y otra vez, para desde ahí redirigirnos, corregirnos, reorientarnos hacia donde tenemos que poner la atención: hacia dónde es que tenemos que observar para descubrir qué es lo que necesitamos y cómo podemos recuperarlo e integrarlo. En realidad no ha desaparecido; simplemente está enterrado y olvidado. Este es un proceso de recordar. ¿Pero cómo recordar lo que no recordamos? ¿Cómo recordar lo que no recordamos que hemos olvidado?

Es una pregunta legítima y que requiere un gran interés, pues es producto de un profundo sufrimiento, una devastación interna que nos obliga a querer recordar porque reconocemos que la vida que estamos viviendo, como la estamos viviendo, es de una lucha interna entre lo que quiero y lo que puedo, entre el berrinche y el drama, y entre momentos de paz y satisfacción. Lo reconocemos aunque demostremos que estamos bien porque tenemos lo que queremos y hemos aprendido a mostrar una imagen de seguridad y satisfacción, que en realidad no es cierta. No nos sentimos completas, totales y realizadas.

Este proceso es de descenso, de escarbar en las capas de creencias y condicionamientos para encontrar lo que está en las profundidades de la psique, en la memoria ancestral. Antes de la creencia que nos dice que no somos parte del todo, antes de aprender que nuestra naturaleza es fragmentada, que todo está separado y que los complementarios son exclusivamente opuestos y están en contradicción. Antes de haber creído que la muerte no es natural y es una tragedia, que solo la vida es válida y hay que preservarla a toda costa, que la vejez no es bella sino solo la juventud. Tenemos que descender al espacio antes de todas las creencias y valores asimilados: al espacio vacío de creencias.

Entramos en una fisura del tiempo que no está localizada en lugar alguno. No es física. Es de una naturaleza psíquica que solo encontramos cuando no hay fuera o dentro. Cuando la separación aprendida entre lo interno y externo desaparece, y lo de fuera es lo de dentro y viceversa. No es posible mostrársela a nadie; solo podemos compartirla con quien también haya atravesado este territorio. Entonces surgen los ajá, ajá… pues todos/as los que hemos explorado esa dimensión descubrimos lo mismo. Se nos ha rebelado el misterio de lo femenino.

¿Por qué es misterioso? Pues porque no se manifiesta de la forma lineal, directa, tangible y física a que estamos acostumbradas. Tiene una numinosidad que nos rebela algo inusitado… único… y sentimos que todo está vivo… y que esa vida lo permea todo. Es un reconocimiento interno de algo eminente que también se ve en todo alrededor. No hay cómo describirlo con el lenguaje creado por una percepción dualista de la existencia: una percepción que niega y descalifica los opuestos que nos resultan amenazantes y nos dan miedo, como lo oscuro, lo monstruoso, lo negativo, lo malo, lo feo, lo doloroso, lo triste, lo negro. Por ejemplo, cuando la noche la percibimos como amenazante, tenemos que electrificarlo todo.

En realidad lo que encontramos en las capas más profundas son los opuestos que hemos rechazado, negado, debido a las creencias que aprendimos que nos dicen que no son buenos o aceptables. Este es el preámbulo, podríamos decir, antes de entrar en el umbral de la naturaleza no dividida en sí misma, es decir sin fragmentación: una naturaleza íntegra e intacta. Se reconoce un sentimiento de totalidad, de suficiencia que nunca se ha experimentado antes. Es como si todas las piezas del rompecabezas se ensamblan y crean una imagen donde las palabras se entrelazan, se continúan unas a las otras y se redondean los filos como modelando una vasija de barro. Ahí reconocemos que el vacío es forma y la forma es vacío. Captamos que los opuestos nunca han estado separados como nos lo enseñaron sino que están unidos, que se complementan y no pueden existir el uno sin el otro. Se rebela la totalidad eminente que somos. Hay un relajación profunda que está despierta en sintonía con toda la existencia. Hay un gozo con la vida como es… pues se rebela sabia, inteligente y que somos uno con ella.

Desde esta dimensión recordamos lo femenino antes de que fuera devaluado, mal interpretado y descalificado, y hay un regocijo en esta naturaleza primigenia que nos abraza desde dentro y desde fuera. Podemos abrazar este cuerpo como una representación que invoca a la gran Diosa Madre de la vida, germinándose internamente, fructificándose cíclicamente. Así es que rescatamos la gran Diosa Madre de la fertilidad en todos los sentidos. Empezamos a tenerla en el centro de nuestra vida como la regidora de la existencia.

(End of the essay)

(Meet Mago Contributor) Noris Binet


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